Leyendas asturianas

 

 
 
 
 
LEYENDAS - (LA GÜESTIA)
 

La Santa Compaña es en la mitología popular gallega -y con otros nombres o el mismo en la asturiana, en la antigua región del Reino de León (provincias de Zamora y León) como Huéspeda y Extremadura, y en Castilla como Estantigua-- una procesión de muertos o ánimas en pena que por la noche (a partir de las doce) recorren errantes los caminos de una parroquia. Su misión es visitar todas aquellas casas en las que en breve habrá una defunción. El mito está presente con diversas variantes en todo el contínuum cultural astur-galaico, donde recibe otras denominaciones como Güestia, Güéspeda, Estadea, Hoste, Genti de Muerti, procesión de ánimas o simplemente Compaña.

 Aunque el aspecto de la Santa Compaña varía según la tradición de diferentes zonas, la más extendida es la formada por una comitiva de almas en pena, vestidos con túnicas blancas con capucha que vagan durante la noche.

Esta procesión fantasmal forma dos hileras, van envueltas en sudarios y con los pies descalzos. Cada fantasma lleva una vela encendida y su paso deja un olor a cera en el aire. Al frente de esta compañía fantasmal se encuentra un espectro mayor llamado Estadea.
La procesión va encabezada por un vivo (mortal) portando una cruz y un caldero de agua bendita seguido por las ánimas con velas encendidas, no siempre visibles, notándose su presencia en el olor a cera y el viento que se levanta a su paso. Esta persona viva que precede a la procesión puede ser hombre o mujer, dependiendo de si el patrón de la parroquia es un santo o una santa. También se cree que quien realiza esa "función" no recuerda durante el día lo ocurrido en el transcurso de la noche, únicamente se podrá reconocer a las personas penadas con este castigo por su extremada delgadez y palidez. Cada noche su luz será más intensa y cada día su palidez irá en aumento. No les permiten descansar ninguna noche, por lo que su salud se va debilitando hasta enfermar sin que nadie sepa las causas de tan misterioso mal. Condenados a vagar noche tras noche hasta que mueran u otro incauto sea sorprendido (al cual el que encabeza la procesión le deberá pasar la cruz que porta). Caminan emitiendo rezos (casi siempre un rosario) cánticos fúnebres y tocando una pequeña campanilla.
A su paso, cesan previamente todos los ruidos de los animales en el bosque y se escuchan unas campanas. Los perros anuncian la llegada de la Santa Compaña aullando de forma desmedida, los gatos huyen despavoridos y realmente asustados.

Se dice que no todos los mortales tienen la facultad de ver con los ojos a "La Compaña". Elisardo Becoña Iglesias, en su obra La Santa Compaña, El Urco y Los Muertos explica que según la tradición, tan sólo ciertos "dotados" poseen la facultad de verla: los niños a los que el sacerdote, por error, bautiza usando el óleo de los difuntos, poseerán, ya de adultos, la facultad de ver la aparición. Otros, no menos creyentes en la leyenda, habrán de conformarse con sentirla, intuirla, etc.

Para librarse de esta obligación, la persona que vea pasar la Santa Compaña debe trazar un círculo en el suelo y entrar en él o bien acostarse boca abajo. Para librarse de la Santa Compaña se debe llevar una cruz encima, rezar sin escuchar los cánticos de la Santa Compaña, o bien, en última instancia, salir corriendo.

 No sólo en Galicia se aparece esta procesión de muertos, sino también en Asturias donde la llaman La Güestia, que es una procesión también conocida como bona xente. Es un grupo de personas encapuchadas que se acercan a la casa de un enfermo moribundo, dan tres vueltas a la casa y entonces el enfermo muere. Normalmente son conocidos del moribundo. Se dice que van exclamando "Andad de día que la noche es mía".

Se cuenta el relato de una mujer que salió de su casa a por castañas pensando que ya era de día y un miembro de la procesión le dijo que era su padrino entonces ya muerto. Le tendió la mano dándole la vela encendida, ella la cogió, y al cabo de unos días enfermó y murió. Las numerosas leyendas sobre esta compañía de difuntos en pena cuentan que se aparecen en los caminos cercanos a los camposantos en busca de algo o alguien, y que siempre aparecen con un motivo por el cual es símbolo de desastre o maldición. Los motivos por lo que esta compañía de almas errantes pueden aparecer son: Para reclamar el alma de alguien que morirá pronto. Cuenta la leyenda que quien recibe la visita de la Compaña morirá en el plazo de un año. Para reprochar a los vivos, faltas o errores cometidos.
Si la falta es especialmente grave, el mortal que la ha cometido podría recibir la visita de la Compaña para que la encabece, condenado así a vagar hasta que otro mortal le reemplace. Para anunciar la muerte de un conocido del que presencia la procesión. Para cumplir una pena impuesta por alguna autoridad del más allá.

 Protección contra la Santa Compaña-
 El contar esta leyenda también supone contar el modo de protegerse contra esta procesión de no muertos; en el hipotético caso de que la compaña se presentara en presencia de alguien se debería llevar a cabo una serie de rituales para la protección que consistiría en: Apartarse del camino de la compaña, no mirarles y hacer como que no se les ve. Hacer un círculo con la estrella de Salomón o una cruz dentro y entrar en él. Comer algo. Rezar y no escuchar la voz ni el sonido de la compaña. Tirarse boca abajo y esperar sin moverse, aunque la compaña le pase por encima. Jamás tomar una vela que nos tienda algún difunto de la procesión, pues este gesto condena a formar parte de ella. En último caso, echar a correr muy rápido. Cuenta la leyenda que la Santa Compaña no tendrá el poder de capturar el alma del mortal que se cruza con ella si éste se halla en los peldaños de algún crucero de los situados en los cruces de caminos o si porta una cruz consigo y logra esgrimirla a tiempo.
                           
 
 

LAS BRUXAS EN ASTURIAS

 

Las Bruxas podían provocar enfermedades a través del Malgüeyu (mal de ojo). Su figura se halla profundamente lastrada por el cristianismo. Para éste, cualquier otra creencia era susceptible de ser considerada brujería o herejía, fuesen seguidores de la antigua religión pagana, judíos o moriscos conversos, etc., o sencillamente mujeres conocedoras de los secretos de las plantas (lo mismo para curar que para envenenar). Todo podía englobarse en el mundo de la brujería, puesto que lo que no era del Dios único de los cristianos, era cosa del Diablo. El aquelarre era la reunión de brujos y brujas donde rendían culto a Satanás. Analizadas estas reuniones, más bien parecía tratarse de fiestas y cultos solsticiales relacionados con la fertilidad, pero demonizados y deformados por la Inquisición.

La palabra "aquelarre" no existe en asturiano, (de hecho es un préstamo del vasco Aker=castrón y Larre=campo) pero sí las reuniones de las bruxas. Las de Occidente se reunían en La Veiga´l Palu (Cangas de Narcea). Otras del Oriente se juntaban al pie de una ardina (encina) en Peñamellera. También iban al monte Cubera en Villaviciosa. Se reunían en el Castru Coroña entre Cecea (Nava) y Camás (Cabranes). Las brujas bercianas iban a Foncebadón y las leonesas y palentinas al Campo de Cansoles, cerca de Isoba. Las de Cantabria a Cernuela (probablemente Cerneja, en Burgos) y otras en la cueva de Ongayo, cerca de Suances. En algunas leyendas el lugar común de reunión podía ser El Arenas de Sevilla, o la mismísima Torre del Oro, lugar donde también confluían multitud de leyendas.

Los viajes hacia estos lugares acostumbraban a describirse como vuelos sobre escobas, machos cabríos, diablos u otros animales, incluyéndose procesos de metamorfosis, lo que probablemente se adquiría mediante trances inducidos por sustancias psicotrópicas que causaban estas sensaciones, a juzgar por la multitud de ungüentos que aparecen en estas narraciones y con los que era preciso frotarse el cuerpo antes de iniciar el vuelo mágico

MITOLOGIA DE ASTURIAS

 

 LA MITOLOGÍA ASTURIANA

 


miércoles, 8 de septiembre de 2010

GENIOS DE LAS AGUAS

 















LOS ESPUMEROS



Para las gentes de la costa, los "espumeros" son "según Constantino Cabal (como un fervor de espuma sobre las aguas del mar.) Según Rogelio jove y Bravo, son.


(" pequeñitos, hermosos, juguetones, llevando también (como los tritones) su trompa marina hecha de un caracol vacío; pero los "espumeros"no son peces de cintura abajo como aquellos, sino de figura humana, de "silfos", de geniecillos mofletudos y sonrosados como los amorcillos de un cuadro de de Wateau o de un techo de Boucher. Cabalgando unas veces sobre las crestas de las olas, revolcándose en las espumas de los rompientes, coronados de algas, sonando su trompa, van en la estela de los buques que parten o danzan entre las ondas delante de los que llegan. Pero nunca se alejan de la costa, porque tienen miedo a la tempestad. Apenas estalla, salen del mar envueltos en grandes mantos de polvo de agua y se refugian en las cavernas que habitan entre los cantiles o entre los peñascos amontonados en la playa, donde la sacudida de las olas no los alcancen. Esas nieblas que muchas veces vienen rodando sobre la superficie del mar a estrellarse en el acantilado, entre cuyos picos y cortaduras se desgarran en cien pedazos, no son tales nieblas, sino legiones de "espumeros", rebozados en sus mantos y que buscan sus moradas".


En 1.921. Francisco González Prieto publica este soneto.


Son fios de la mar como tritones
que salen esplumantes, vocingleros,
corriendo a más correr los esplumeros
´na playa cuando rompen los cachones.

Metá neñinos i metá ´scamones.
Corónense con ocla i van en cueros
llevando caracoles trompeteros
´nes foles cuando ´rinquen roncos sones.

Cuerren tres de los buques ´nes esteles,
y dancen pe la costa los donceles
formando niebla i a la oriella bruma.
Mas cuando ruxe ´l mar embravecíu,
manqu´azote les peñes fiendo ruiu,
salten ellos gritando ´nte la spluma.



EL DIAÑU BURLÓN

Cuenta Cabal:

("Donde el diaño burlón hace más daño es en los puertos de mar, entre los pescadores infelices. A veces, coge unas redes que deben confeccionarse en el infierno, y échase a caminar sobre las aguas. En cuanto ve una barca allá va él; se planta delante de ella, tiende las redes y se lo lleva todo... En cambio los pescadores infelices no consiguen atrapar un pececillo, y aunque no ven al diaño, lo adivinan y colman de insultos".)

("una noche José el Cardín, de Vega, cerca de Caravia-salió al congrio, achó el aparejo y sentóse a esperar. No sintió paso ni rumor alguno cerca de él, y sin embargo,oyó que le preguntaban a su espalda:
- ¿Pican?... ¿Pican?
Se asustó y no volvió la cabeza. Comprendió instantáneamente que era el diaño burlón el que dirigía la pregunta, y por no darle motivo de disgusto respondió:
- ¡Pocu!... ¡Pocu!
Causóle al diaño tanta risa la respuesta, que para no reventar tuvo que tirarse al suelo boca abajo. Se le escapaban las carcajadas como trombas, y en cuanto respiraba unos momentos repetía:
- ¿Pican, pican?... ¡Pocu, pocu!
Y enseguida las teombas otra vez.
¡Señor, era demasiado! El Cardín era un hombre de vergüenza, se cansó de tanta guasa y acabó por decir de mal humor:
- ¡Mecachis, hom!... ¡Non me fastidies!
Díjolo el pobrecillo en mala hora, porque el diablo fue sobre él, atizóle un empujón y le echó al mar. Y gracias que el Cardín nadaba como una anguila, no terminó desgraciadamente la aventura. Cuando salió del agua no halló a nadie: ¡por si acaso, el diablo había creído conveniente desaparecer!.)

LEYENDAS DEL CUÉLEBRE

 

Santa Eulalia de Abamia

Un castañedo más que centenario precede el puente sobre el Güeña y la pista que sube hasta la antigua y solitaria iglesia.
Nos encontramos en un inmemorial lugar sagrado centro de cultos precristianos. Cerca del frondoso y milenario ‘texu’ se localizó un dolmen cuya cobertera graba un antropomorfo.
En conmemoración de una victoria sobre Munuza ‘in loco Olaliense’ Pelayo hizo de Santa Eulalia su basílica.
Poseedora de los títulos de primera iglesia monástica de la monarquía asturiana y de primer panteón real, sucesivas reformas y casi un siglo de abandono desfiguraron poco a poco su primitiva fábrica, y compusieron, en una suma de cambios y añadidos, esta misterio románico de transición al gótico.
La Portada del Infierno esculpe escenas del Juicio Final, de la Resurrección y de la condenación: un dragón, muertos saliendo de los féretros, pecadores dentro de calderas puestas al fuego, cabeza pendiendo de una soga, un alma arrastrada hacia el infierno por los cabellos.
El pueblo vió en esta última representación al obispo visigodo don Oppas, rival de don Rodrigo y aliado de los musulmanes.
El interior apenas descubre, iluminados por la ventana ojival de arcos geminados y rosa sextapétala de la cabecera, los ricos frescos de otrora. También quedan frescos en la sacristía, además de un lar y una chimenea.
Pelayo y Gaudiosa reposaron aquí hasta que Alfonso X el Sabio, mediado el siglo XIII, ordenó trasladar los restos regios a la gruta de Covadonga. Quedan dos amplios arcosolios. En uno, el mudo sarcófago talla una significativa espada; el otro inscribe «Hic Iacet Gaudiosa uxor (esposa) Pelagii».
Hay cerca de los pies de la nave otro sepulcro más reciente y entrañable, el de Roberto Frassinelli, trasladado en 1977 desde el contiguo y lovecraftiano cementerio contiguo de la eternidad y el olvido.

La cueva del cuélebre-
En un prado de los alrededores, abre un saliente rocoso esta cueva legendaria donde Frassinelli encontró diversos materiales prehistóricos y que conserva, transformada en gabinete acogedor y natural, la mesa de piedra donde el alemán solía trabajar en sus escritos y dibujos.
La cueva tuvo en tiempos pretéritos, y no hay por qué dudarlo, un inquilino enorme y voraz: un cuélebre, asturiano dragón alado y serpentiforme. El Cuélebre de Abamia raptaba doncellas por los alrededores y luego, sin ningún reparo, las devoraba.
Pero los oscuros mitos, lejos de alejar a Roberto Frassinelli de la cueva, lo sedujeron y allí, “como acogedor y natural gabinete”, el alemán estableció su estudio.

LEYENDAS DE CUÉLEBRES

En la Fuente de la Vega, en Caravia, habitaba un cuélebre tan grande como el timón del arado. Junto al castillo de S. Martín (Soto del Barco) en el llamado cañu del charcu, en las proximidades de la desembocadura del Nalón, hubo un cuélebre con grandes alas al que un día arrastró la corriente. En Jenoyal, cerca del pueblo del Carmen (Ribadesella) vivía otro cuélebre comía rapazos, en Buelnes. Distintas representaciones de este animal mitológico en el arte asturiano pueden verse en la sillería del coro de la Catedral de Oviedo, en la iglesia de Santa María de Celón ( Allande ), en la iglesia de San Emeterio de Sietes ( villaviciosa ), así como en los escudos de armas del palacio de Mon ( San Martín de Oscos ) y del linaje de Labra ( Cangas de Onís ) y en algunos hórreos y paneras de estilo Villaviciosa, del siglo XVI.

"El cuélebre, tal y como ha llegado hasta nuestros días, es, por lo general, una serpiente alada, que vive en los bosques, en las simas, en las cuevas y en las fuentes y demás zonas húmedas, como los recodos de los ríos y los arroyos. Su aliento es fétido y venenoso, y su espeluznante silbido se percibe a gran distancia. Tiene como misión, casi siempre, custodiar fabulosos tesoros ―que no tienen por qué ser únicamente de tipo material― o personas sometidas a encantamiento ―la mayoría de las veces, princesas de belleza arrebatadora―. Por este motivo, no dudan en atemorizar, atacar y devorar a aquellos individuos o animales que se acercan a sus dominios, con frecuencia atraídos por los lastimeros cánticos de sus prisioneras o por la codicia que suscita su tesoro. Los cuélebres son, por tanto, terriblemente dañinos para las personas que habitan en el entorno de sus madrigueras, que, conociendo su carácter, suelen alimentarlos a base de bien para que el animal no los devore o para que no saquee los cementerios, en busca de cadáveres. Para colmo, el cuélebre crece de manera incesante, y, a medida que se va haciendo viejo, las escamas de su piel se vuelven más grandes y más duras, hasta el punto de que rechazan todo tipo de proyectiles; entonces, la única manera de acabar con semejante fauna es herirles en los ojos o en la garganta, que son sus únicas partes vulnerables. Porque el cuélebre no se muere de viejo; aunque, durante la noche de San Juan, pierde sus poderes y queda como aletargado. Entonces es cuando sus hermosas prisioneras ―que en Asturias se denominan Ayalgas o Atalayas― pueden huir, llevándose, si lo desean, sus fabulosos tesoros. Debido a su crecimiento continuo, llega un momento en que las dimensiones del cuélebre son tan considerables que su guarida no puede contenerlo. Cuando esto ocurre, no le queda más remedio que partir hacia la Mar Cuajada con su tesoro, de ahí que el fondo de este mar almacene infinidad de riquezas: montañas y montañas ―submarinas― de tesoros, que, sin embargo, resultan inalcanzables para los humanos, debido al número ingente de estas criaturas que nadan alrededor de ellos. A veces, la envergadura del cuélebre es tan grande que incluso le cuesta volar, de ahí que a más de uno las alas se le hayan quedado enganchadas entre los árboles, provocándole la muerte por inanición, en medio de agónicos y espantosos bramidos.
En Asturias son famosos, entre otros, los cuélebres de Brañaseca (Cudillero), Perllunes (Somiedo), Bisecas (Cangas del Narcea) y Salinas (Castrillón), así como el cuélebre del convento de Santo Domingo, en Oviedo, que moraba en una cueva adyacente e iba devorando uno a uno a los monjes, hasta que un día el fraile encargado de la cocina le dio a comer un pan relleno de alfileres y que le supuso la muerte".
(Colectivo Cultural “La Iguiada”).


En Asturias, el cuélebre ha dejado numerosas leyendas y algunos rastros en la toponimia. Así, La Cueva del Cuélebre, en Noriega ( Ribadesella ); las Cuevas del Cuélebre, en Mestas de Con ( Cangas de Onís ), el Pozo del Cuélebre, en Cuerres ( Cangas de Onís ), la Fuente'l Cuélebre, en Intriago ( Cangas de Onís ), la Ramada del Cuélebre, en Sobrefoz ( Ponga ) y en Pandefresnu ( Caso ); la Peña'l Cuélebre, en Miera ( Salas ) o la braña de Valdecuélebre ( Somiedo ). Entre los relatos mitológicos, cabe destacar la leyenda del culebrón del convento de Santo Domingo, en Oviedo, que habitaba en una cueva detrás del convento e iba devorando los frailes uno a uno, hasta que un fraile cocinero le dio a comer un pan relleno de alfileres que le ocasionó la muerte. Similares a ésta, se cuentan otras leyendas tradicionales como la del cuélebre de Brañaseca ( Cudillero ), al que los vecinos tenían que alimentar con borona y pan de centeno para que no devorase sus ganados y al que finalmente dieron muerte arrojándole una piedra calentada al rojo vivo, al grito de : ¡Abre la boca, culebrón, que ahí te va el boroñón ¡. Otros cuélebres asturianos fueron muertos por los vecinos de Perllunes ( Somiedo ), mediante una rueda de carro al rojo vivo; por los vecinos de Biescas ( Calgas del Narcea ), con una rueda de carro al rojo vivo; mientras al cuélebre que habitaba en una cueva de Salinas ( Castrillón ) se le intentó dar muerte de la misma forma, pero éste se arrojó al mar y enfrió la piedra que había tragado. También se cuentan numerosas leyendas acerca de cuélebres que salieron volando en dirección al mar, pero quedaron enganchados con sus enormes alas entre los árboles, donde murieron de inanición. Así, por ejemplo, los cuélebres que habitaban en sendas cuevas de Casazorrina y Figares, en el concejo de Salas.

(EL COMERCIO DIGITAL)
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martes, 10 de agosto de 2010

LA BRUJA ASTURIANA

 

La fantasía de las brujas ha vivido en la tradición asturiana y ha sido transmitida hasta nosotros en cientos de versiones, ya por el caminante, o por el soldado para amenizar las veladas, o bien por el abuelo, al calor del hogar en las noches de invierno.
Según Caro Baroja – “la conciencia de que existen o han existido brujas la tienen todos los campesinos europeos”.
La creencia más antigua, es la de que vuelan utilizando como máquinas voladoras a carneros negros, machos cabríos, lobos, etc.
Con el paso del tiempo, la creencia sufrió mutaciones, estableciendo palos rajados, ruecas, palas y, finalmente, escobas. Algunas teorías modernas pretenden hallarle un fundamento real. Advierten que las brujas “acudían a pie a sus aquelarres, que se celebraban por la noche, y es natural que llevaran un bastón, y en algunos casos el mango de una escoba, para ayudarse en su camino por el sendero. Cuando llegaban a un arroyo o a un charco fangoso, utilizaban el bastón para saltarlo o volar por encima. El cabalgar “a horcajadas” sobre una escoba, formaba parte de algunos ritos del Sabbat”.
Cualquiera que fuera la máquina voladora, el elevarse por los aires suponía sus riesgos. Lo confesaba una bruja, de nombre Lucrecia, que conoció el suplicio del fuego y a la que su demonio arrojo, cuando regresaban del aquelarre, al oír el toque del ángelus. Lo advierte la tradición astur, asignando poderes específicos, al tañido de las campanas de Celón y Bustantigo, en Allande; San Facundo, en Tineo; San Mamés, en San Martín del Rey Aurelio; el Carbayo, en Langreo, etc.


LOS CONJUROS-
Un tipo de réplica al maleficio de las brujas, fue el de los conjuros, Para cada asunto había un conjuro correspondiente.
El toque de campanas para combatir las tormentas y preservarse del rayo fue recurso muy normal. En algunos lugares, como Valle de Lago, en Somiedo, tenía la seriedad de un rito, para ello contaban con un palo que, por vecera, era llevado de casa en casa. Cuando se aproximaba la tormenta, el vecino que lo tuviera en su poder, corría a tocar las campanas con el palo, pasándolo luego a la casa inmediata. Había zonas donde el toque se acompañaba con este conjuro:

“Tente nube,
Detente tú,
Que Dios puede
Más que tú;
Detente nube,
Tente nublado,
Que Dios puede
Más que el diablo”.
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jueves, 3 de junio de 2010

LEYENDAS "LOS MALOS AUGURIOS"

 

miércoles, 12 de mayo de 2010

GÜESTIA o ESTANTIGUA

 
Ambos vocablos, sinónimos, de uso frecuente en Asturias, son deformación de "hueste antigua", es decir, del ejército malo, del demonio, de los fantasmas y almas en pena.

En el concejo de Llanes, "estantigua" es una procesión de las <ánimas en pena> y equivale a la "buena gente". Al igual que la "güestia", se trata de espíritus, de espectros o de aparecidos, con velas encendidas a altas horas de la noche, para anunciar, cree el vulgo, la muerte de a alguien del pueblo.

Aseguran que sucedió en Poo de Llanes el año de cracia de 1.840. Un vecino - por más señas, Fernando Romano - caminaba hacia su casa, eran las doce de la noche. Al llegar a una calleja próxima a su hogar sintió pasos de gente en silencio y, de pronto, vio una serie de personas con luces que caminaban en dos filas. Serían como diez o doce. De principio y por unos instantes, extrañado el paisano de que a aquella hora fuesen de tal suerte, pensó si estaría alguna vaca de parto en la vecindad. Más presto desechó aquel pensamiento al comprobar el silencio, máxime cuando iban mujeres en la comitiva, y las luces, que no eran faroles como suelen llevarse en el pueblo. Lo cierto es que cogió un pavor inaudito el pobre Fernando y llegó a su casa con los pelos de punta y el corazón saliéndosele del pecho:había visto nada menos que una procesión de ánimas, una "güestia".
Constantino Cabal cita que aquel que quiera presenciar tal comitiva sin temor a una muerte próxima debe trazar un círculo en el suelo, con una pentalfa inscrita dentro de el y acto seguido meterse dentro.
En algunas leyendas de la "güestia", algunos de los difuntos llevan finxos, los antiguos moyones con los que se marcaban las fincas, lo hacen porque en vida los fueron cambiando poco a poco de sitio para obtener algunos palmos más de tierra robándoselos al vecino. Ahora su penitencia es volver a restituirlos.



La leyenda, de este último aspecto, está localizada en todos los rincones de Asturias. La versión Somedana, de la mano de José M. Feito, ofrece una texitura: <- No vayas, que por la Senra en las noches pasadas se quejaba alguien.
El sastre era completamente escéptico en lo que se refería a patrañas de viejas; se marchó. Al llegar a la Senra empezaron en efecto a sonar quejas, le habían dicho verdad. No se inmutó lo más mínimo y siguió su camino; pero advirtió que las quejas le seguían y vio una sombra tras él. Acortó el paso, y cuando le sintió a su espalda trazó un círculo en el suelo con las tijeras y en el medio hizo una cruz. Vuelto hacia la sombra y quejas, voceó:
- Si eres cristiano, habla, y si vienes del infierno, aquí tienes la cruz.
- No te asustes, hombre - respondió una voz tristísima -. Soy fulano. Vete y di a mi hermano que vuelva a su sitio el mojón de tal tierra, pues por yo haberlo cambiado no puedo entrar en el cielo.
El sastre lo hizo así y desde aquella noche no se volvieron a oír más las quejas en la Senra.
 
LEYENDAS - (LA 

martes, 4 de mayo de 2010

LEYENDAS DEL DÍA DE SAN JUAN

 

Alguna de las leyendas del día de San Juan.

Danza de princesas:
En el monte de Caravia está la fuente del Alisu, en la cual hay princesa encantadas por un Cuélebre. Este, la mañana de S. Juan, enróscase y duerme; entonces, las encantadas salen y suben al pico del Castro a limpiar la cadena de oro que le rodea. Y al bajar, cogen flores de cotolla y danzan en el campo de la Llana.
Si durante el sueño del Cuélebre pasa por allí una persona, las princesa se acercan a ella y le dicen Toma nuestra riqueza y danos tu pobreza.
Si en aquel momento tira una medalla en la fuente o les entrega a ellas un objeto bendito, quedan desencantadas. Pero si no hace esto, al salir el sol, despierta el Cuélebre y las princesa vuelven a su encantamiento.

El pastor y el encanto:
Una vez estaba un pastorín sentado al pie de la fuente de las Traviesas, allá en la Collada de Taranes, concejo de Ponga, y vió salir por el ojo de la fuente un encanto con muchas vacas. Y el pastor las miraba “estelau” (embelesado)
¿Qué miras pastor?- Dijo el encanto.
Miro esas vacas tan guapas.
¿Tú no tienes vacas?
No, señor.
Pues cuando entren por el ojo de la fuente, tiras tus calzones sobre la que más te guste y quedará para ti. Ella te hará rico, porque parirá jatas. Pero no la dejes nunca entrar en el río Caldar.
El pastor se puso al pie de la fuente. Comienzan a entrar las vacas y dice:
Esta sí que es guapa, allá van mis calzones. Pero no; es más guapa ésta, o sino, esta otra que es pinta, o la otra que es negra…
Y cuando acordó consigo, habían entrado todas las vacas y se quedó sin ninguna.
Al siguiente año, el día de S. Juan, el pastor se puso de pie ante la fuente, y no se detuvo a escoger; en cuanto apareció la primera vaca, le echó encima los calzones y se la llevó consigo.
La vaca le dio muchas jatas, y éstas le dieron otras, y fueron tantas que se hizo rico.
Y un día se le ocurrió decir:
¿Por qué no he de permitir que entre la vaca en el río Caldar?
La dejó entrar. Y la vaca no volvió a la cabaña.

¡Santiago de Aguino!
En la parroquia de Santiago de Aguino, concejo de Somiedo, el día de San Juan estaba una Xana muy guapa limpiando sus alhajas al pie de una fuente.
Pasó por allí una niña, se acercó a la Xana, le cogió el cáliz y marchó con él.
La Xana corrió tras ella, y ésta cuando iba llegando a la iglesia, dijo:
¡Santiago de Aguino, sálvame que lo quiero para ti!
Y dicen que el cáliz que hoy existe en aquella parroquia es el que la niña le quitó a la Xana.

El esquilador y la encantada:
En Cobiella, concejo de Cangas de Onís, está la cueva de la Huelga. Y una mañana de S. Juan pasó por allí un mozo de oficio esquilador y a la puerta de la cueva vio a una joven sentada detrás de una mesa de quincalla y se paró delante de ella.
De lo que ves, ¿Cualo te gusta más? - preguntó la encantada.Unas tijeras de oro.Tómalas, puerco esquilador; que nunca te falten.Ovejas que trasquilar
Ni sarna que rascar.
La explicación de esta leyenda es que si el esquilador hubiera dicho que lo que más le gustaba era la joven, o sus cabellos, se hubiera roto el encantamiento; pero al prevalecer el interés sobre el amor, la encantada no puede ser liberada y castiga al mozo.
BIBLIOGRAFÍA:
Ramón Baragaño, Mitología y Brujería en Asturias
 
 
 

LOS CUÉLEBRES

 


Su aspecto habitual es el de una serpiente de gran tamaño con alas menbranosas como las del murciélago. Se trata de un culebro,
una culebra macho, en multitud de historias este tipo de culebras va creciendo hasta llegar a ser muy viejo entonces crían alas y marchan volando a la Mar Cuayada a custodiar los muchos tesoros que se ocultan en sus profundidades. Constantino Cabal
recogía en Cuadonga (Cangues d´Onís) que los hombres robaban los diamantes y otras gemas preciosas arrojando grandes trozos de carne amarrados con maromas, las piedras preciosas se quedaban así pegadas a la carne y podían ser izadas a bordo sin temor a los Cuélebres guardianes.
Y es que una de las misiones del Cuélebre es la de custodiar tesoros o princesas encantadas. Aurelio de Llano consideraba que la distribución geográfica del Cuélebre no llegaba al Occidente asturiano, consideración errónea puesto que basta preguntar por historias de culebras voladoras para descubrir gran cantidad de leyendas al respecto.
En Cornollo (Allande) en una finca llamada Fontela, José de Rua y varios vecinos aseguran haber visto una culebra volando mientras llevaba su cola arrastras dejando una huella entre el centeno y dirigiéndose en dirección al ríu L´Ouro. Su cuerpo era más grueso que el de una persona. En el mismo conceyu, en el Monte Paradas afirmaban que una culebra con el batir de sus alas, rompía los brezos y el matorral. En Chano de Liares y en el viñedo de Cuantas (Ibias)
varios vecinos vieron una culebra alada que lucía una mata de pelo en la cabeza. En 1.917 varios vecinos de Carabia corrieron al bosque de Vallín atraídos por unos silbidos muy fuertes, armados de escopetas y palos se encaminaron con la intención de dar muerte al Cuélebre, aunque no encontraron nada.
Los Cúelebres no mueren de viejos, si único punto vulnerable resulta ser su garganta puesto que el resto del cuerpo está cuajado de escamas y placas córneas tan duras, que según cuentan, las balas apenas pueden hacerle mella. En Suarías, en la Peña la Covatina (en Peñamellera Baja) vivía un Cúelebre que medía unos seis metros fue sorprendido por una mujer a la que le faltaban unas cabras. La bestia ya tenía la mitad del cabrito engullido. Los vecinos de Suarías acudieron, alertados, armados de escopetas y le dispararon aunque no consiguieron herirle, el Cuélebre se desenrosco y desapareció en su cueva, al día siguiente podía seguirse su rastro hasta otra cueva donde desaparece el agua del río Naverón.
Algunas veces los Cuélebres exigen sacrificios para ser aplacados. En la Llaguna´l Puertu Lleitariegus había un encanto, una culebra enorme a la que todos los meses debían de ofrecerle una persona en sacrificio, una vez incluso arrastro un carro de bueyes a las aguas del lago.
El Cuélebre de Corao (Cangues d´Onís) exigía que lo mantuviesen con varias cabezas de ganado al año, pues de lo contrario, destrozaría el pueblo entero, el cura párroco acabó con su vida disparándole, aunque sucumbió en el intento refugiándose en Abamia y muriendo del miedo que había pasado.
El tamaño del Cuélebre de Corao era enorme y se decía que tras su muerte las vacas llegaban a sestear a la sombra que proporcionaba su calavera.
No todos los Cuélebres son iguales, hay algunos que tienen siete cabezas, el del Puzu Llagu en Brañavalera (Llena) es uno de ellos, custodia a siete xanes que están allí encantadas junto a un tesoro fabuloso. La forma de desencantarlas es de lo más complicado puesto que debe hacerlo una pastora que se llame Sol, sea rubia, tenga los ojos negros y cumpla 22 años el día de San Xuan que coincida con el Corpus y amanezca nevado. 

LEYENDAS DE NUBEROS

 
Algunas leyendas referidas a los Nuberos hablan de ellos como brujos que gobiernan las tempestades. en este caso el primer testimonio el primer testimonio escrito en el que se hace referencia a un tempestiario data de principios del siglo XIII o finales del XII, es el manuscrito

"Narratio de Reliquiis a Ilyerassolyma ovetum usque translatis" donde se habla del traslado de las Santas Reliquias de Jerusalén a Oviedo y de una mujer llamada Aria que fue exorcizada en el templo del Salvador y después bautizada por un tal "Obispo Gunscellus". La tal Aria hablaba después de su vida de pagana, como tempestiaria y de como siete años atrás ella misma había provocado en pleno agosto tal granizada sobre Oviedo que inundó a sus habitantes hasta las rodillas, mientras ella volaba por los aires gobernando la tormenta.

En el Gumio (Boal)los Nubeiros eran una especie de brujos que leían por unos libros de Magia y producían la tormenta a la cual ascendían para dirigirla, la forma que había para conjurarlos era que el cura les arrojase un zapato.

En Grandas de Salime llegaban montados en la propia nube cargada de agua pero tocando las campanas de Vilabolle les obligaban a marchar puesto que aborrecían el sonido del bronce. Huían diciendo "¿Únde descargo os machos que m´arrevientan?", en referencia a las nubes cargadas de granizo. En Pezós varios Nubreiros amenazaron a un paisano con descargar el granizo sobre su tierra y echarle a perder toda la cosecha.En Vilanova de Bual se decía que vivía un Nubreiru muy feo y muy negro, un día fue hasta Serandías en una nube pero en el camino se encontró con otro Nubreiru que ya venía de allí escapando del sonido de La Capielluda ( es decir, la campana de Santa María de Serandías.

En Vigaña Arcellu (Belmonte) llegó un día un Nubeiru montado en su nube, entonces mandaron llamar al cura para expulsarlo, conjurándolo, éste pidió dos ferradas de agua y los cuatro hombres más fuertes del pueblo para que le sujetasen no fuese a tirarlo el temporal. El Nubeiru posó cada uno de sus pies en las ferradas llenas de agua y preguntó donde se descargaba la nube: "¿Aou descargo, que m´arrevientan los machos?". El cura lo conjuró al Gallu Carrizeu y hacia ese pico se dirigió el Nubeiru. Al llegar a un lugar conocido como La Seita apedreó todo el granizo que llevaba de modo que allí nunca volvió a crecer vegetación. En otra ocasión el Nubeiru tuvo que escapar sin descargar su tormenta porque en San Martín de Cezana comenzaron a tocar las campanas llamadas El Chucarón y La Perrucade Cezana. Se decía que el Nubeiru vivía en los montes de León y que una vez le dijo a un rapaz que estaba pastoreando por el monte " Si vas a Tudela pregunta por Xuan Cabrita".

En Cesniye de Turón (Mieres) un día de neblina se acercó al pueblo un Nubiru al que dieron hospedaje en una casa porque había bajado a la tierra y hasta que la neblina no se alzara de nuevo, no podía marchar. También en Turón en el Riquixu, un día cayó un Nubiru, pero se trataba de un hombre barbudo pequeño y oscuro, no de un gigante, una paisana lo tapó bien con una hoja de berza y le dio hospedaje hasta que pudo marchar montado en una nube. Y es que aunque el Nuberu se aparezca a veces como una figura fantasmasgórica de proporciones gigantescas cuando baja a la tierra lo hace como si de un pobre pidiendo limosna se tratase y según se portan con él así actuará en consecuencia con ese pueblo descargando el granizo o la lluvia. En Artidiellu, Lligüeria (Piloña) cuentan que un rayo mató una vaca y con ese rayo cayó el Nuberu a tierra, era un hombre muy feo, barbudo y pequeño de estatura. Se encontró con dos rapacinos que estaban cuidando el ganado. Al principio le tenían miedo pero él les tranquilizó y les dijo que se llamaba Xuan Cabrita, les pidió permiso para pasar la noche en su cabaña, a lo cual accedieron. Repartieron con él la leche y la boroña que tenían. Por la mañana les pidió que hicieran fuego con leña verde y mojada. Al producirse el humo, el Nuberu fue escalando por él hacia las nubes para poder marchar se despidió de ellos y les dijo "Si vais a la ciudá de Brita entrugais por Xuan Cabrita". Pasó el tiempo y uno de aquellos rapacinos se hizo hombre y un día embarcó pero el barco naufragó y agarrándose a un pedazo de madera llegó como pudo a tierra. Estuvo mucho tiempo viviendo de la caridad en tierras desconocidas hasta que llegó a un pueblo que se llamaba Brita, se acordó entonces de la despedida del Nuberu y preguntó cual era la casa de Xuan Cabrita. Al picar a la puerta le abrió la mujer del Nuberu que le dijo que su esposo no podía recibirle puesto que estaba de viaje y llegaría tarde. Le hizo pasar y le encerró en un cuarto muy oscuro lleno de humo. Cuando el Nuberu llegó de noche, le dijo que olía a "cristianuzu" pero su mujer le dijo que era un hombre de Lligüeria que le había conocido en la Canga Xuangayu. Entonces dijo Xuan Cabrita: "Coimes, esi home entós, ye amigu míu, non a esi nun se mata non". Sentó al rapaz a cenar con él a la mesa y estuvieron hablando de muchas cosas, al preguntarle por su tierra le contó que precisamente venía de Lligüeria de descargar una nube de granizo y que la esposa del rapaz se iba a casar nuevamente porque allí pensaban que había muerto y todo el pueblo pensaba que ella era viuda. El rapaz se preocupó mucho porque no podía impedir la boda puesto que se encontraba a km. de distancia pero Xuan Cabrita le tranquilizó. Prometió llevarlo volando subido sobre él por los aires. Le dio un pincho y le dijo le fuera espoleando con él diciendole "Arre demoniu, arre demoniu" pero no se le ocurriera nombrar ni a Dios ni a los Santos porque entonces lo arrojaba al suelo. Volando por los aires llegaron inmediatamente a Lligüeria, ya era de mañana, y justo pudieron divisar el momento antes de entrar en la iglesia para realizar la boda. En ese momento al rapaz se le escapó decir: "Ay Dios ya veo el mío pueblu". En ese preciso instante el Nuberu pegó tal sacudida que le descabalgó arrojándole al vacío, a pesar de todo tuvo suerte y consiguió quedarse enganchado en un árbol próximo a la iglesia por lo que tan solo sufrió arañazos y consiguió impedir la boda de su mujer. Aurelio de Llano recoge variantes de esta historia en la Mayada de Merguyines en el Puertu´l Sueve y en Taxa (Teberga).
 
(Alberto Alvarez Peña)
 

LA GUAXA O CARPIA

 



Aparece citada por primera vez por Rogelio Jove y Bravo
"mitos y supersticiones de Asturias" (1.897) como una mujer muy delgada, enjuta y fea que entra por la cerradura de las puertas para desangrar a los niños o a las mujeres jóvenes que duermen valiéndose de su único y afilado diente. Cuando alguien desaparece o se consume lentamente se decía "Paez que lu tragó la Guaxa" o
"Violu la Guaxa".
 
Aurelio de Llano anotaba en "El libro de Caravia" (1.919) que se trataba de una lechuza o al cárabo que en determinadas partes se llamaba así y que servía de coco infantil. Ramón Baragaño en "Mitología y brujería en Asturias" se suma a la tesis de Aurelio de Llano, identificando a la Guaxa con un ave nocturna.
Cuando se pregunta a los pueblos del centro de Asturias (Gijón, Siero, Villaviciosa...)por la Guaxa la respuesta no es unánime,
es como un ave nocturna, una especie de coco o una bruja (les Melendreres, San Andrés de Los Tacones - Gijón, por ejemplo). Sucede algo similar al preguntar por La Carpia en (Ponga)es identificada con una lechuza o con una bruja. Y es que "Bruxes y Curuxes" siempre estuvieron asociadas en la imaginación popular europea.
En la vecina Cantabria, Manuel Llano incluye como mito a la Guajona, una vieja seca y arrugada con un solo diente afilado que comparte con la Guaxa y la Xuxona gallega su misma afición por la sangre de personas jóvenes.
 
(Alberto Alvarez Peña.)

LAS BRUJAS ASTURIANAS

 

De las brujas se referían prodigios. En el sentir de la mayoría, habían hecho pacto con el diablo, que las visitaba por las noches, pues algún vecino aseguraba que, al pasar a las doce a la vera de sus casas, había visto cómo por las rendijas de las ventanas y de las puertas salía una luz siniestra, como si por dentro un poderoso incendio devorara aquella habitación. Decían otros que las habían visto volar por y sobre los tejados en forma de mujeres, despidiendo por sus ojos miradas satánicas.

eran pobres. Nada podían aceptar como pago de sus servicios, ya que supondría la pérdida de la virtud que decían poseer; jamás aceptaban carne de cerdo ni pan, por la sencilla razón de que ambos alimentos tenían sal.

Vivían en parajes aislados, en chozas infectas y lóbregas, desesperadamente solas y criaban animales, casi siempre negros, el criar animales como mascotas domésticas no fue costumbre en la Edad Media. En Europa, los gatos no llegaron a domesticarse de manera generalizada hasta bien entrado el siglo XVII. Cualquier mujer que tuviera un gato o un cuervo domesticado, era mirada por sus vecinos con tal extrañeza que sólo esto podía ya suscitar la sospecha de que fuera bruja.

Un caso que recoge Cabal: "Y éste era un aldeano que oía que su vaca berreaba con demasiada inquietud. Fue a la corte y no halló a nadie. Pero junto a la vaca vio un "zapico"; lo cogió, lo tiró, salio otra vez... a la mañana siguiente, la vecina de al lado, que era bruja, amaneció sin narices. Esta bruja era el "zapico", y es que en Asturias también la bruja se transforma en lo que le da la gana".

También fue creencia común la transformación en lechuza, como le aseguraba un interlocutor a Roso de Luna por tierras pravianas: "Vienen en forma de lechuzas a beberse el aceite de las lamparas de los altares, no tanto para alimentarse con el aceite, cuanto por dejar la iglesia a oscuras y poder robar así a mansalva las Hostias Consagradas que luego emplean en sus misas negras".

No parece que exista un ungüento tipo. Se supone que el más antiguo preparado se elaboraba

"según una fórmula salvaje heredada de las (lamias, strygas y empusas de Tesalia, que costaba siempre la vida a un niño, con cuya grasa, beleño, belladona y jugo de adormidera confeccionaban una especie de afrodisíaco".

También se dice que el tal ungüento se componía de mezclas narcotizantes de mandrágora, ruda, amapola, hierba-mora, cicuta y beleño. Otras recetas incluyen acónito, y nuez o aceite de nuez.

En Asturias abundaba el aceite de nuez, que al decir del P. Carballo "para los candiles y lámparas es maravilloso".

Esta pomada mágica, en ocasiones era fabricada por las brujas y, en ocasiones, como refiere

Cabal basado en informes inquisitoriales, les era facilitado en un conventículo. A ellas correspondía la custodia; por lo general lo ocultaban entre las losas del lar o en algún escondrijo del fogón.

martes, 30 de marzo de 2010

LOS DIABLECOS

 
Los diabrecos son otros personajes que ya aparecen citados por Bernardo Acevedo y Huelves en "Boal y su concejo"
(1.898) describiéndoles como "seres invisibles que se ponen al servicio de algún desalmado, de ordinario buen mozo, travieso y desahogado, para la perdición de incautas doncellas".
En Serandías (Boal) encontramos una descripción de estos Diabrecos o Diablecos, tienen forma de llimiagos (babosas)
y hablan entre sí, descubriendo los defectos de los demás. Se decía que una mujer de Casa Roque los tenía en una cazuela de barro y junto con unos ladrones robaban por las casas valiéndose de la colaboración de los Diablecos que entraban por la cerradura de las casas.

En los Libros de San Ciprián, viejos libros de "Magia" que fueron muy populares para invocar al diablo, obtener tesoros y preparar hechizos se habla del método para obtener los Diablillos. " Es preciso sacarle los ojos a un gato negro e introducirlos por separado en dos huevos de gallina negra, ocultarlos bajo el estiércol de caballo que hay que mantener caliente para que estos seres puedan ser incubados. Todos los días hay que acudir allí e invocar al diablo. Al poco nacerán los Diablillos que tendrán el aspecto de un lagarto negro y pequeño, es necesario guardarlos en un canuto de boxe (boj) o marfil y darles como alimento limaduras de hierro. Si se precisa dinero basta con decirles "quiero dinero " y lo proporcionarán, la única condición es no destinar ese dinero a obras de caridad puesto que ha sido proporcionado por Satanás.
Los diablecos, aparecen también en Valedor (Allande) o en el Valle de Cuaya (Grao)
En el Cantiquín y en Uñón (Mieres) los Diablicos realizan todas las labores de la casería si son capturados muy temprano, al amanecer. Rogelio Jove y Bravo cita unos duendes familiares que trabajan en las labores de la casa favoreciendo a la gente. En Moñes (Piloña) un hombre aseguraba que los Diablos recogían los cacharros de noche, limpiaban la cocina y dejaban el fuego prendido para el día siguiente.

En 1.966 Carmen Díaz Castañón recogía en "El bable de El Cabo Peñas" el mito de los Malinos
una especie de Espíritus malignos invisibles que se introducían provocando enfermedades y daños en las personas. Los situaba en el concejo de Gozón. Pero también se encuentran en otros concejos. En Caliao (Caso) los Malinos provocan la locura a quien bebía de alguna fuente donde ellos se hubiesen instalado. Se dice que una mujer se volvió loca hasta el paroxismo y tuvo que ser encerrada en un hórreo. Pudo librarse de tal enfermedad comiendo ajos que allí había.
Para impedir que el Demo se introdujese en los panales de miel, en Astierna (Ibias) y Oscos se colocaban quijadas de burra o de jabalí sobre los trobos (las colmenas).
Por último, hacer referencia al Demoniu L´Airón localizado en Moñes y San Martín d´Arteosa
(Piloña) y que es una personificación del vendaval desatado, provocando destrozos en las cosechas saltando por los tejados y destrozándolos mientras bufaba y silbaba. en muchos otros concejos asturianos son frecuentes las historias del Diablo que se manifiesta como viento descomunal rompiendo cañas de árboles y pegando ronquidos aterradores.

LA SERENA

 
En muchas leyendas la sirena aparece como madre de linajes, como en algunas versiones del apellido gallego Mariño, se dice que en el siglo XVII el Conde don Froilán hizo de una sirena su esposa. Evaristo Casariego hablaba del héroe popular conocido como El Gaviluetu y que según la tradición valdesana era hijo de una Sirena y un capitán vikingo.
Durante la Edad Media las Sirenas son conocidas como hadas marinas.
En algunas leyendas asturianas, gallegas y portuguesas se dice que el origen de las Sirenas es una maldición de Dios o de una madre furibunda contra su propia hija.
"La sirenina de la mar
ye una moza gallarda
que por una maldición
arrojóla Dios al agua".
Cuentan en el Puntal de Villaviciosa y en otros concejos asturianos.
En otras historias se trata de una joven que desatiende sus quehaceres y la madre le grita "Permita Dios, te faigas pexe".

Según cuentan viejas crónicas el Cantábrico siempre fue un mar poblado de sirenas. Una carta escrita por el Cruzado Osborne cuenta cómo hacia el año 1.147 salió la segunda cruzada a Tierra Santa del puerto de Dartmouth, y como días después de librarse de una galerna, llegan al puerto de Mala-Rupis (Mala Roca) según algunos autores Cimadevilla en gijón, que por aquel entonces era una isla fortificada que quedaba aislada al subir la marea. Cuenta esta crónica cómo antes de llegar al puerto oyen "Los gritos de las Sirenas que en primer momento parecían lamentos de dolor y espanto para transformarse en risas como si de sus castillos nos insultaran".

En Sarandias (Boal) decían que los pescadores rezaban antes de embarcar.
"Dios nos libre de la tormenta
e d´oír cantar a serena".
Puesto que su canto provocaba somnolencia y la tripulación terminaba por naufragar al estrellarse la embarcación contra los escollos.

En Porrúa (Llanes) cuentan que las Serenas se aparecen cantando en loa castros, los pequeños islotes rocosos aislados de la mar, donde anidan las gaviotas.
También se emponderaba su voz diciendo:
"A la orilla la mar
oyí cantar la Serena
válame Dios que bien canta
una cosa tan pequeña"
Pero las Serenas no aparecen solamente en las costas asturianas y sus leyendas se vuelven mucho más complejas en los ríos y fuentes del interior de Asturias.

En Veiga´l Horru (Cangas del Narcea) se habla de una Encantada que bajó riega abajo montada en un cofre cargado de oro, hacia el mar para transformarse en Sirena. En el mismo concejo se habla de una Encantada mitad mujer y mitad pez, en el pozo La Rinconca, raptaba a los críos, solamente pudieron matarla unciendo dos bueyes gemelos a una grade, al sacar a la Encantada arrastrándola por los pelos, ésta lanzó uno de sus cabellos al agua junto a una maldición.
"Adios miou pelu celemín, que tous los años m´entreges un pelegrín". Desde entonces el día de Santiago, dìa de los peregrinos, nadie se baña en el río, puesto que se ahogaría a causa de la maldición. En Cornollo (Allande) se habla de un encanto, una serena, que bajaba desde Contín al río, al embalse.

En el Pozo La Cárcaba, cerca del río La Pedralba, en la Barrera (Illias) se aparecía una Sirena peinándose y en el río La Vallada, en el Castrón de Barreu (Tineo) al lado de un yacimiento castreño vivía una Encantada mitad mujer, mitad anguila, otra Sirena.
Las Sirenas del río Tuéjar cantan, la noche de San Martín para encantar a los hombres con su voz y atraerlos al río donde los ahogan.
En Rusecu, en Vibañu, (Llanes) cuentan cómo un joven pescador se enamora rematadamente de una moza que se aparecía en la playa siempre con parte de su cuerpo metido en el agua, su amor se cambia por desilusión cuando descubre que en lugar de piernas tiene cola de pez.

 

LOS TESOROS ASTURIANOS

 






Los cuélebres asturianos, inmensos culebrones, con alas al modo de murciélagos, escamas impenetrables y pesadisima cola, duermen enroscados al tesoro y de tanto frotarse con él, terminan teniendo la piel de oro.
En las inmediaciones del Asiento de los Canónigos, en Covadonga, cuentan que había un cuélebre que en espaciosa cueva guardaba un tesoro de dos arrobas de manzanas de oro.
De las Xanas guardadoras de tesoros se sabe que la mayoría son hilanderas y que siempre están con su huso y con su rueca al amparo del primer rayo del sol. Tienen la costumbre de entonar cantos que nadie, por muchas veces que los escuche, pueda aprender.
Nuestras Xanas son seres de una tenue infantilidad y los tesoros que guardan los dan la mayoría de las veces porque quieren a uno que, no se sabe por qué, les cayó en gracia. A un pastor de Ley la Xana de la fuente de Pumarín, en Blimea, le dio dos ovillos de oro, sólo porque le dijo que no había visto otra mujer más bella. Otra Xana, la de la Cueva de la Pedrota, en Poo de Llanes, pagaba con manzanas de oro las manzanas que le traía un labriego.
Según nuestra tradición, en muchas cuevas asturianas habitan moros que quedaron guardando los tesoros de los suyos, cuando precipitadamente tuvieron que marchar tras la derrota de Covadonga. Los moros son generalmente vespertinos y se les ve a la hora del anochecer, se cubren con turbante, traen barba y andan con un bastón en la mano. También hay moras, generalmente princesas, como la del castillo de Soberrón en Llanes, que prendaban por su muy rara belleza.
Los tesoros de los moros están en sacos muy bien atados. Un hombre de Raicedo, en Libardón, que encontró uno junto a la fuente de Frellina, perdió casi un año, pues el cordel tenía mil nudos cuando lo hubo desatado, aparecieron dos moros y le pidieron permiso para ver lo que había en el saco. Lo contaron y se fueron. Según nos refirió Secundino Valle, había dos anillos, una herradura de oro, alfileres de plata, una manzana de oro y una bolera completa también de oro.
Además de manzanas de oro, en los tesoros ocultos en los castros, en las cuevas y en las fuentes, sumergidos en los lagos y lagunas y enterrados en los lugares más extraños de Asturias, hay la más variada gama de objetos que soñar se puede. Alguna relación proporciona Perfecto Rodrígez en su recomendable MANUSCRITO DE TESOROS DE ASTURIAS que el curioso podrá completar con el GRAN LIBRO DE SAN CIPRIANO o TESORO DEL HECHICERO, más conocido en Asturias como el CIPRIANILLO.
 
 
 
(Elviro Martínez - Modesto González Cobas)

miércoles, 24 de marzo de 2010

LOS TRASGOS

 

El Trasgu recibe, multitud de nombres: en algunos concejos occidentales es el "Trasno", "Cornín"y "Xuan dos Camíos", en Navia "Pisadiel", el de la mano furada. En Laviana es el
"Meque". En La Isla (Colunga) lo conocen como el "Gorretín Colorau".
 
En el Palacio de la Rozadiella (Cangas del Narcea, antiguamente Cangas de Tineu), los habitantes tuvieron que marchar puesto que no soportaban sus constantes travesuras y bromas.
Cargaron todas sus pertenencias en un carro y ya se disponían a marchar cuando vieron que de un par de saltos el Trasgu se les subía encima de sus enseres diciendo:
"Ya que vais tous
de casa mudada
tamién múdome you
cula miou gorra culurada."
Ni siquiera así pudieron librarse de él. En Villaxulián (Tineu) recuerdan que en el Palacio de la Rozadiella llegaron a colocar un plato con grano a la entrada puesto que era creencia que si el Trasgu se tropezaba con él al intentar entrar debería ir contando los granos uno a uno y ponerlos en su sitio por lo que emplearía toda la noche. En una casa de Vilabolle (Grandas de Salime) estaban desesperados porque el "Trasno" no paraba de jugar a los bolos en el desván de noche y les impedía dormir, acostumbraba a contar las puntuaciones de sus tiradas: "diez, veinte..." a voces. Un día la familia decidió mudarse de casa a Malneira, pero fue inútil el Trasno fue con ellos con la bolera bajo el brazo.
En San Martín de la Vega Poxa (Siero) estaba una familia deshaciendo el maíz y comentando su intención de mudarse de casa porque estaban atemorizados por los ruidos y sucesos extraños que ocurrían en la casa. Se decidieron a marchar precipitadamente cuando uno de los hijos se acordó de que habían olvidado una riestra de maíz, cuál no sería su sorpresa cuando al volver a por ella vieron al diablo con la riestra al hombro diciéndoles "Tranquilos que llévola yo".
En una casa de Puau (Gijón) decían que los diablos jugaban a los bolos en el desván y que bajaban por les "calamiyeres" (cadenas del pote) para recoger la boroña (pan de maíz) un día uno se quemó al intentar cogerla y escapó diciendo cagamentos. La gente que vivía en aquella casa no sabía cómo deshacerse de ellos hasta que el cura les aconsejó que ordenasen a los diablos traer agua en un paxu. La lista de ejemplos podría ser mayor pero como puede apreciarse en estas dos últimas historias el Trasgu ha sido sustituido por el diablo.
En Duyos (Caravia) un Trasgu acostumbraba a bajar por les calamiyeres del pote para robar las tortas que una mujer hacía, cansada de soportarlo se lo comentó a su marido que decidió calentar una piedra al rojo en lugar de la torta y disfrazarse de mujer para ver qué ocurría. De noche vio cómo el Trasgu se aproximaba y se puso a disimular como que estaba filando. El Trasgu vio al hombre disfrazado y se dio cuenta que había algo que no encajaba, así que le preguntó:
 
Oye, ¿ties barba o files?
Si, respondió el marido
Files, ¿y non salives?
Si.
¿Quiés que cueya la torta?
Cuéyela si quies.
 
Pero al cogerla se quemó por lo que desapareció rápidamente gritando "Ux, que me quemé", por donde sale el humo del llar.
 
ALBERTO ALVAREZ PEÑA (Mitología Asturiana)
 

lunes, 22 de marzo de 2010

COCOS Y OGROS INFANTILES

 



Existen multitud de personajes, pero vamos a ocuparnos de algunos de los más conocidos. EL PAPÓN o PAPUDU, muy extendido por el Occidente de Asturias, hombre siniestro que
traga- "papa"-a los niños.
HOME DEL UNTU o SACAUNTOS, también muy popular, se trata de un hombre que mata a los niños para sacarles el unto, la grasa. Se aterrorizaba con este personaje para evitar que los críos se acercasen a desconocidos.
LOS CHUPASANGRES, en Gozón y Carreño se decía que vestían de blanco y sacaban la sangre a los niños para llevársela a los hijos tísicos de las familias adineradas.
EL DESTRIPADOR o ESTRIPADOR, también emparentado con los anteriores era muy conocido en los conceyos de Xixón, Carreño y Gozón, con él se evitaba que los niños jugasen en los sembrados de maíz, puesto que él vivía en los sembrados.
LA FIERA GURUPECIA o CRUPECIA de la cual existían cantares de ciego, algunos de estos miedos tienen figura femenina, en la mayor parte de los casos tienen el aspecto de una ogresa o de una bruja greñuda y fea.
LA PAPARRESOLLA ( conocida en Colunga, Caravia, Sobrescobio, Laviana, Bimenes, San Martín del Rei Aurelio,etc...)que se tragaba a los niños. En Borres (Tineo) se encuentra la variante masculina, EL PAPARROXU.
LA ZAMPATARRANCA o ZANCABARRANCA, muy extendida en el Occidente astur. También aparece en Aller como ZANCARRABANCA, y en Teberga como ZANCAPARRANCA.
Con aspecto de bruja están la MARIMANTA y la CÚCARA MALA en Caliao ( Caso ), esta última enpeñada en llevarse "los andaores" ( los pies ) de los niños que no pueden parar quietos.
LA BERRONA, en La Espina ( Salas ), LA PATA ROXA, en Podes (Gozón ), LA MANO NEGRA (Gijón ), LA MANU PELUSA, en Piñera ( Sevares-Piloña ), EL BICHU GUARAGUARA ( Candás-Carreño ), EL PIRICU SANGRAU, en Santianes ( Pravia ), un hombre ensangrentado que se aparece de noche por los caminos. MARIA LES CAMPANILLES ( Gijón ) una especie de cadáver descarnado que se alimenta de niños que no duermen y se acerca sigilosamente a los pies de su cama. LA MEDIA CARA, en Santianes ( Pravia ) se trata de medio cuerpo humano. EL CABALLU BLANCU DE SANTIAGU, con los dientes sangrando, en Porrua ( Llanes ).
Constantino Cabal recogía en Ribadesella el miedo al BURRU SANGRAU. En el mismo concejo de Ribadesella se metía miedo a los niños con PERFEUTO que vivía en la chimenea de la cocina. EL COCU es otro muy extendido por toda Asturias, L´HOME DEL SACU, conocido en toda la Península se lleva a los críos en un saco, nadie sabe a donde. LA CAPARRUCIA, en Sobrescobio, que lleva un saco cubriéndole la cabeza. EL ZARRONCO o FARRONCO, del Navia, una especie de coco que se lleva a los niños para siempre, EL BU, recogido en 1.884 por Fermín Canella quizás relacionado con algún ave nocturna, al igual que LA CARPIA ( Ponga ). EL DUENDE DE ZARAGOZA, en algunos pueblos de Llanera, aprovechamiento de la figura del DUENDE como coco infantil. Del DUENDE se conocían actividades similares a los del TRASGU. Se decía que en Oviedo, a mediados del siglo XIX había un DUENDE aficionado a tirar de las togas de los magistrados que se dormían en la Real Audiencia de la calle de Cimadevilla.
En la posada que hubo en la calle de La Rúa, contigua al palacio del Marqués de Santa Cruz había un DUENDE que asustaba a los huéspedes en 1.840. En algunas casas en venta del Occidente asturiano era frecuente poner el letrero: "La casa se vende con todo y con duende".